
Rockstadt Extreme Fest 2025 – Live Review: Días 1 y 2 en la fortaleza de Râșnov
Review por Gerardo Pérez – Fotogafía kbaezortiz
El Rockstadt Extreme Fest 2025 arrancó en medio de una mezcla de euforia y nostalgia. Este año no fue uno cualquiera: los asistentes sabían que estaban siendo parte de la última edición celebrada en la mítica fortaleza de Râșnov, un escenario incomparable, rodeado de montañas, bosques frondosos y la magia de Transilvania. Durante más de una década, el festival se ha consolidado como uno de los más importantes de Europa en la escena del metal, atrayendo a bandas legendarias y a fanáticos de todos los rincones del mundo.
Cientos de carpas se levantaron en los alrededores, los bares de la pequeña ciudad rumana se llenaron de metalheads sedientos de cerveza y hermandad, y el aire estaba impregnado de esa sensación de estar viviendo algo irrepetible. El contraste entre la brutalidad de los riffs y la serenidad del paisaje creó una atmósfera de aventura, como si la música se fundiera con la naturaleza.
Día 1 – Entre rituales nórdicos, furia bélica y melancolía eterna
La primera jornada arrancó temprano con Night Demon en el escenario Adrian Rugină, trayendo su heavy metal clásico con tintes de la NWOBHM, calentando motores de manera perfecta. La energía continuó con el caos de Midnight, quienes desplegaron su speed/black punk salvaje y descontrolado, dejando claro que el día estaría marcado por la intensidad.
Mientras tanto, en el escenario Brașov, Dool presentó su propuesta oscura y atmosférica, cargada de guitarras densas y melodías hipnóticas. La jornada siguió con Slomosa, quienes aportaron un aire stoner, ideal para balancear la brutalidad con grooves pesados y envolventes.



El escenario Andrei Calmuc sumó el caos desde temprano con Clitgore y su grindcore desenfadado, seguido por la avalancha sónica de Rotten Sound, uno de los nombres más extremos del cartel. Más tarde, Ghost Bath envolvió el ambiente con su blackgaze emocional, creando un contraste perfecto con la oscuridad teatral de Shining, que llegó a continuación con su habitual aura perturbadora.




La tarde fue subiendo en intensidad con el doom psicodélico de Green Lung, quienes hipnotizaron al público con sus atmósferas densas, riffs cargados de energía y melodías llenas de oscuridad que creaban un ambiente casi ritualístico. Más tarde, el escenario explotó con el thrash devastador de Demolition Hammer, una banda que demostró que, pese al paso de los años, siguen siendo una máquina imparable de riffs agresivos y velocidad demoledora, logrando encender a la audiencia con cada tema.


Al caer la noche, llegó uno de los momentos más esperados del evento: Katatonia subió al escenario y desplegó su característico doom melódico y melancólico, ofreciendo un concierto cargado de emociones profundas y una atmósfera envolvente. Cada acorde y cada nota vocal resonaron con una intensidad que conectó profundamente con el público, llevándolos a través de un viaje introspectivo. Luego, llegó el turno de Zeal & Ardor, quienes deslumbraron con su innovadora y explosiva mezcla de espiritualidad gospel y black metal. Su actuación fue una montaña rusa de contrastes musicales, pasando de coros emotivos y espirituales a potentes explosiones de furia y energía, dejando a muchos asistentes sin palabras y completamente maravillados.
El turno de Kanonenfieber en el Calmuc fue brutal y marcial, ofreciendo una experiencia cargada de intensidad que dejó a todos los asistentes impresionados. Su puesta en escena bélica, con una atmósfera cuidadosamente construida, convirtió el recinto en un auténtico campo de batalla sonoro, donde cada golpe de batería y cada riff de guitarra resonaban como disparos en medio de la contienda. La combinación de su poderosa música y la energía del público creó un espectáculo inolvidable.



La noche alcanzó niveles épicos con Emperor, las legendarias figuras del black metal noruego, quienes ofrecieron un show histórico lleno de energía, nostalgia y una impecable ejecución que dejó a los fanáticos extasiados. Por su parte, Mastodon desplegó todo su arsenal de metal progresivo y sludge, hipnotizando a la multitud con su potencia, técnica impecable y una puesta en escena que no dejó a nadie indiferente. La combinación de ambos actos creó una experiencia inolvidable para todos los presentes, consolidando el evento como una noche para recordar.



El cierre fue digno de una jornada inolvidable: Myrkur, con su impresionante fusión de folk y black atmosférico, ofreció un espectáculo lleno de misticismo, elegancia y una energía arrolladora que dejó al público hipnotizado. Con su voz etérea y una puesta en escena cuidadosamente diseñada, la artista transportó a los asistentes a un universo sonoro único, mezcla de lo ancestral y lo contemporáneo. Cada canción fue un viaje emocional que resonó profundamente entre los presentes, consolidando su lugar como una de las propuestas más originales del género.
Luego llegó el turno de Machine Head, quienes sacudieron el Adrian Rugină con un set demoledor que incluyó algunos de sus clásicos más icónicos como “Davidian” y “Imperium”. La banda, liderada por Robb Flynn, ofreció una entrega brutal en el escenario, con una energía arrolladora que contagió a todos los presentes. Las guitarras rugieron, la batería resonó con fuerza, y el público no dejó de corear y saltar, haciendo vibrar cada rincón del lugar en una noche que quedará marcada en la memoria de todos los asistentes.
Finalmente, para cerrar la noche de forma épica, Coma puso el broche final de madrugada en el Calmuc, con un show cargado de emoción y conexión directa con su público, convirtiendo el momento en algo verdaderamente único e inolvidable.



Un día que se sintió como un viaje a través de todo el espectro del metal: desde lo más extremo hasta lo más atmosférico.
Día 2 – Grandeza absoluta y revelaciones inesperadas
El segundo día arrancó fuerte en el Adrian Rugină con 1914, una banda que transporta al público al horror y la crudeza de la Primera Guerra Mundial a través de su blackened death épico, cargado de atmósfera oscura y relatos históricos que estremecen. Su puesta en escena intensa y llena de detalles visuales dejó una huella imborrable en los asistentes. Más tarde, subió al escenario Omnium Gatherum, trayendo su característico melodeath finlandés, melódico y lleno de energía, que inyectó una nueva vitalidad al ambiente. Con riffs pegadizos y una conexión vibrante con el público, lograron que la audiencia se entregara completamente en una tarde soleada llena de música y emociones.




El escenario Brașov abrió con Engineer of Death, seguidos por la épica melancolía de Wolfheart, que dejaron claro por qué son referentes del death melódico nórdico. Uno de los puntos altos fue High Parasite, una revelación absoluta que sorprendió con un show técnico y cargado de energía, logrando una conexión inmediata con el público.




Mientras tanto, el escenario Andrei Calmuc vibraba intensamente con Ordinul Negru y su black metal atmosférico rumano, que envolvió al público con una combinación de oscuridad y sonidos hipnóticos. A continuación, Hostvce tomó el control con su energía característica, encendiendo los ánimos de los asistentes con cada acorde. Más tarde, el thrash descontrolado de Warbringer llegó como un torbellino, ofreciendo un espectáculo electrizante que arrasó con el público en uno de los mosh pits más salvajes e intensos de todo el día, dejando a los fans completamente eufóricos y pidiendo más.




La tarde continuó con Orange Goblin en Adrian Rugină, ofreciendo un espectáculo electrizante con su característico stoner/doom cargado de groove que hizo vibrar al público con cada riff pesado y enérgico. Mientras tanto, en el Calmuc, Brujería desató un auténtico caos con su grindcore agresivo, acompañado de letras provocadoras y mensajes incendiarios que encendieron la atmósfera, dejando una huella indeleble en los asistentes.




Uno de los grandes momentos del festival llegó con Soen, cuyo metal progresivo elegante y emotivo conquistó a la audiencia con un show impecable. La banda supo conectar profundamente con el público, ofreciendo un set lleno de matices, potentes interpretaciones y una atmósfera cargada de emoción. Al mismo tiempo, en otro escenario, Exhorder destrozaba el Calmuc con su groove metal salvaje y enérgico, entregando riffs contundentes y una actitud demoledora que hizo vibrar a sus seguidores más acérrimos. Dos propuestas distintas, pero igualmente impactantes, que demostraron la diversidad y calidad del festival.




La noche fue creciendo en intensidad: While She Sleeps encendió a los fans del metalcore con su energía arrolladora, riffs potentes y coros cargados de emoción que hicieron vibrar al público. Por otro lado, Oranssi Pazuzu transportó a los asistentes a un universo sonoro único con su ritual psicodélico y oscuro, combinando elementos de black metal experimental con atmósferas hipnóticas y envolventes. Una experiencia que dejó a todos cautivados.




El Brașov recibió a Obituary, quienes convirtieron el escenario en una máquina de death metal old school, aplastante de principio a fin. La banda ofreció un poderoso set cargado de sus clásicos más icónicos, con una energía arrolladora que hizo vibrar a todos los asistentes. Cada riff, cada grito gutural, y cada golpe de batería resonaron con la intensidad que solo ellos saben entregar, consolidando su lugar como una de las leyendas vivas del género.



The Kovenant, en paralelo, trajeron su característico black/industrial con tintes cósmicos al Calmuc, cautivando a la audiencia con su mezcla única de sonidos intensos y atmósferas futuristas que los destacan en la escena musical.



El cierre del día fue absolutamente espectacular e inolvidable: Within Temptation deslumbró a todos en el Brașov con su majestuosa mezcla de épica sinfónica, potentes voces y un despliegue visual impresionante. La banda logró transportar a la audiencia a un universo lleno de emociones intensas gracias a su impecable interpretación musical y el carisma de Sharon den Adel, quien conectó profundamente con el público. El show estuvo acompañado de efectos de luces, y pantallas visuales que complementaron cada nota, creando una experiencia multisensorial que mantuvo a la audiencia completamente hipnotizada de principio a fin. Sin dudas, un cierre digno de recordar.
La sensación de euforia era palpable mientras cada canción resonaba con emociones profundas. Por otro lado, el escenario del Adrian Rugină vibró literalmente con el imponente espectáculo de Gojira, una de las bandas más potentes del metal contemporáneo. Su concierto fue simplemente apoteósico, con riffs demoledores que resonaban como un terremoto, una precisión impresionante que dejó claro su nivel técnico y una energía arrolladora que contagió a toda la audiencia. Cada golpe de batería, cada nota y cada grito parecían conectar directamente con el público, creando una atmósfera electrizante que dejó a todos boquiabiertos y pidiendo más al final de su presentación. Sin duda, un espectáculo inolvidable.
Finalmente, para cerrar la noche con broche de oro, la madrugada se desató con Madball, quienes irrumpieron con su característico hardcore neoyorquino, lleno de energía desbordante, actitud callejera y una conexión directa con el público que no dejó a nadie indiferente. Fue un final digno de una jornada épica.







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