
Intensidad y Black Metal al Cruzar el Ecuador del Brutal Assault
El viernes amanecía en la Fortaleza de Josefov con el ecuador del festival ya superado, pero con las fuerzas empezando a flaquear. El cansancio acumulado de 48 horas ininterrumpidas de música se sumaba a un pronóstico del tiempo implacable que amenazaba con exprimirnos bajo termómetros que superaban los treinta grados. La propia organización inundaba las pantallas y la aplicación móvil con alertas para usar protector solar e hidratarse con frecuencia. Una misión que para muchos se tornó algo más compleja cuando el festival anunció esa misma mañana que se habían agotado las existencias de la cerveza especial de esta edición, aunque el suministro quedó garantizado gracias a la rápida distribución de barriles sustitutos.
El Bautismo de Avulsed y la Elegancia del Obscure
Fiel a su filosofía demoledora, el festival reactivó los escenarios principales a las diez y media de la mañana. Las primeras horas del viernes se convirtieron en un desfile de tralla matutina a cargo de nombres como Pyrexia, Graphic Nature, Within Destruction, Abbie Falls y Mnemic. Sin embargo, el momento álgido de la mañana llegó con Avulsed. Los madrileños hacían historia al subirse por primera vez a las tablas del Brutal Assault, firmando una actuación sólida que dejó el pabellón estatal en lo más alto.
Con la tarde en marcha, el Obscure Stage abrió sus puertas ofreciendo una propuesta radicalmente distinta:
- Monolord: Encargados de inaugurar el escenario con sus densos muros de sonido doom.
- Sylvaine: El proyecto de Kathrine Shepard derrochó sobriedad y elegancia. Durante tres cuartos de hora, la formación desgranó un repertorio impoluto donde la sobrecogedora voz de su líder hipnotizó a la campa.
- Mantar: El dúo alemán demostró cómo llenar un escenario masificado siendo solo dos personas. Con Hanno destrozando la guitarra y Erinç destrozando los parches, ofrecieron un directo visceral, crudo y sumamente original que pasó un suspiro.
Mientras tanto, en los escenarios principales, Prong exprimió al máximo sus escasos cuarenta minutos en el Sea Shepherd. Los neoyorquinos demostraron una energía envidiable, apoyándose en un setlist de la vieja escuela centrado en sus trabajos de los noventa, combinados con algún latigazo más reciente. Acto seguido, Pig Destroyer saltó a degüello. J.R. Hayes lideró un asalto de grindcore frenético, interactuando constantemente con un foso que terminó exhausto tras una sucesión de pogos destructivos.
La Vieja Escuela no Perdona: Asphyx, Overkill y el Retorno de Grave
Bajo un sol de justicia que se negaba a dar tregua, los holandeses Asphyx congregaron a una multitud en el Marshall Stage. Martin van Drunen y los suyos dieron una lección de death doom de la vieja escuela, desbordando simpatía y dinamismo. Arrancar con “Vermin”, rescatada de su debut de 1991 The Rack, fue una declaración de intenciones que culminó por todo lo alto con la mítica “Last One on Earth”.
Sin tiempo para asimilar el golpe, llegaron unos históricos del thrash metal: Overkill. La gran noticia de la jornada era el regreso a las filas de D.D. Verni tras su baja por motivos médicos, completando una alineación de lujo junto al incombustible Bobby Blitz. Aunque abrieron fuego con el tema homónimo de su último disco, Scorched, el concierto fue un viaje antológico repleto de clásicos como “Bring Me the Night”, “Ironbound” y la atronadora “Elimination”. El dinamismo de los guitarristas Dave Linsk y Derek Tailer, sumado al carisma de un Blitz que dosificaba sus fuerzas entre bambalinas, dio como resultado un show perfecto. Solo se extrañó la ausencia de “Coma” en un repertorio impecable.
La ración de death metal clásico se completó con los suecos Grave. La expectación era máxima tras el anuncio de la reunión de su formación original (Jorgen Sandström, Jens Paulsson y Jonas Torndal) para esta gira de 2025. Sobre las tablas demostraron que la química sigue intacta, dejando en el aire la incógnita de si este reencuentro tendrá continuidad en el futuro.
En la periferia de la fortaleza, escenarios como el Octagon y el KAL continuaban ofreciendo un refugio para los sonidos más subterráneos e industriales, albergando las actuaciones de proyectos como Pyrrhon, Replicant, Lugola o Silkskin ante un público selecto y ajeno a las aglomeraciones del área principal.
Sombras sobre Josefov: Paradise Lost, Mayhem y el Cierre con The Browning
Al caer la noche, el festival nos obligó a elegir entre el misticismo visual de Gaerea en el Obscure y los veteranos Paradise Lost en el Sea Shepherd. Optamos por los de Halifax, quienes desplegaron una hora de concierto sobria y atmosférica. Nick Holmes comandó un set muy equilibrado que orbitó en torno a clásicos imperecederos de Shades of God y Draconian Times, entrelazados con la oscuridad gótica de su notable Obsidian, todo arropado por un soberbio juego de luces tenues en tonos rojos y azules.
Poco después, la plaza de los escenarios principales registró el lleno más imponente de toda la edición. El motivo no era otro que el desembarco de los pioneros del black metal noruego: Mayhem. Pese a las dudas iniciales generadas por algunas de sus últimas actuaciones irregulares, la banda acalló cualquier crítica. Tras la proyección de un vídeo retrospectivo sobre su longeva trayectoria, Attila Csihar y los suyos salieron a por todas. Con un inicio demoledor marcando el ritmo a través de “Malum”, “Psywar” e “Illuminate Eliminate”, ofrecieron un concierto compacto, frío y ejecutado con una precisión instrumental impecable que reconcilió a la banda con sus fieles.
Para el cierre de la jornada, y aunque Dimmu Borgir ya comenzaba a tronar en el escenario principal, decidimos cambiar radicalmente de tercio y poner rumbo al Obscure Stage para presenciar el huracán The Browning.
Fue, sin lugar a dudas, la decisión más acertada de la noche. Su propuesta de “electronicore” desató una auténtica fiesta de dimensiones colosales. Jonny McBee se echó el concierto a la espalda desde el primer breakdown, contagiando una energía que transformó la campa en una marea humana de crowdsurfing como pocas veces se ha visto en ese escenario secundario. Metal atronador combinado con sintetizadores machacones que pusieron a bailar a toda la fortaleza.
Cerca de la una de la madrugada, con las piernas al límite y la adrenalina aún alta, tocaba buscar el descanso. La tercera jornada del Brutal Assault se despedía por todo lo alto, dejando el terreno listo para el asalto final del sábado.






























