Arrancamos sección. Drummer of the Week es el nuevo espacio de Metal Addiction dedicado a los bateristas de la escena — el instrumento que, como se repite en esta primera entrega, casi nunca se lleva el reconocimiento que merece. Empezamos con Jaime Díaz Otero Núñez, batería autodidacta desde hace veinte años. Reparte su escaso tiempo libre tocando en directo con Myrkur y forma parte de las bandas Santacreu, Intraether, Safata de Pórex y Lys Morke — además de algún proyecto que, por ahora, permanece en secreto.
Apasionado del metal progresivo desde su juventud, Jaime ha grabado y girado a nivel internacional con varios de estos proyectos, en los que predominan géneros tan distintos como el black metal, el doom, la electrónica y el punk. Su instrumento principal es la batería, pero desde hace años experimenta también con sintetizadores y cajas de ritmos, explorando una vertiente diferente de la música extrema en la que no necesita usar unas baquetas para que le tiemblen los tímpanos al público.
Setup reducido pero de medidas grandes, un desastre de monitores resuelto a pura hora de metrónomo, y una defensa razonada del click track. Vamos con todo.
Cómo llegó a la batería: los bolis Bic de su hermano
El origen de Jaime tiene algo de familiar y algo de rechazo consciente a lo “clásico”:
“Mi hermano mayor hacía air drumming en su cuarto con unos bolis Bic y creo que eso es lo que me hizo empezar a fijarme en ese instrumento. Tanto él como mi hermana tocaban instrumentos más clásicos como el piano o el oboe, pero a mí nunca me interesaron, la verdad. Así que la batería fue siempre mi primera opción.”
Jaime Díaz Otero Nuñez
Influencias: Lars Ulrich, el disco polémico que le cambió la vida, y un nombre de Cult of Luna
Sobre el batería que le hizo decir “yo quiero hacer eso”, Jaime no se anda con rodeos ni esconde una opinión que sabe controvertida:
“Lars Ulrich fue el primero en obsesionarme y me hizo pensar que tenía que tocar la batería. Probablemente recibiré cartas bomba por esto que voy a decir, pero particularmente el Load de Metallica fue uno de esos discos que me cambiaron la vida. Es fácil criticar tanto a Lars como a Metallica, pero son una entidad definitoria en el metal y todos los que estamos en este mundillo les debemos mucho.”
Sobre quién está infravalorado hoy, la respuesta apunta a una figura doblemente interesante por moverse entre dos escenas muy distintas:
“Infravalorados los hay muchos; a día de hoy creo que se habla poco de Thomas Hedlund de Cult of Luna. Tiene un pulso y una pegada increíbles y es el corazón de un grupo en el que la percusión juega un papel importantísimo. Curiosamente, toca también en Phoenix, un grupo de rock alternativo francés de muchísimo éxito, donde pega con la misma fuerza pero en un contexto ‘ligeramente’ distinto.”
Thomas Hedlund de Cult of Luna
Su rol en la banda: “el papá del grupo”
Preguntado por lo que aporta más allá de lo evidente a primera escucha, Jaime describe un rol que no tiene nada que ver con la técnica:
“En prácticamente todas mis bandas tengo el rol de papá. Es algo que la gente no escucha, pero me sale natural cuidar del resto del grupo, encargarme de los temas logísticos y preocuparme por que los detalles estén siempre bien. Es el tipo de cosas que el público no percibe, ¡pero una banda organizada y tranquila toca siempre mejor!”
El setup: medidas grandes, un kit reducido, y un Moog que casi le roba el corazón
Jaime tiene una filosofía de setup poco habitual entre bateristas de metal: simplificar en vez de acumular.
“Uso el mismo setup desde hace varios años. He tenido momentos de montar más toms y platos, pero con el tiempo he tendido a simplificar, en parte por lo práctico que es llevar un kit reducido y en parte porque resulta más desafiante desarrollar técnica y trabajar un sonido cuando usas menos elementos. Lo que sí es bastante característico es que monto medidas muy grandes, principalmente porque es el tipo de sonido que me gusta y porque es más fácil hacer sonar ‘pequeña’ una batería grande que no al revés.”
El detalle técnico completo:
Batería: Ludwig Classic Maple — bombo de 24×18, tom de 14×10, floor tom de 18×16.
Cajas: principalmente una Ludwig Copper Phonic de 14×6.5; según el proyecto, también una Sonor Protean de 14×5.25.
Pedal doble: usó un Pearl Eliminator durante casi 20 años; el año pasado lo jubiló por un Tama Iron Cobra.
Platillos: Zildjian K Light Ride de 24″, Zildjian Crash of Doom de 22″, Istanbul Dark Traditional Crash de 20″, hi-hat Istanbul Mehmet 61st Anniversary Vintage de 14″.
Electrónica (en proyectos que lo requieren): pad Roland SPD-SX para samples, backing tracks y midi; cajas de ritmos Perkons (Erica Synths), Pulsar-23 (SOMA) y Nord Drum 2; y el sintetizador Moog Grandmother.
Sobre este último, una confesión poco habitual en una entrevista de batería:
“Precisamente esta última puede que sea mi instrumento favorito en el mundo y si alguna vez dejo de tocar la batería acústica será por culpa suya.”
Y la pieza insustituible de su kit acústico:
“Si me tengo que quedar con algo insustituible de mi set de batería tradicional, creo que sería el Zildjian K Light Ride. Es un plato versátil, con un sonido fantástico; llevo años usándolo y no me veo tocando con otro.”
Su primera batería: una Pearl Export EX y el trauma de telonear a Cult of Luna
“Fue una Pearl Export EX, básicamente la única batería que tenían en la tienda de mi ciudad en ese momento. La usé hasta que teloneé a Cult of Luna con una banda que tenía y me traumatizó cómo sonaba comparada con las dos baterías que llevaban ellos, ¡parecía de juguete a su lado!”
Y el consejo, con un toque de autocrítica:
“Si pudiera decirle algo a ese batería, seguramente le recomendaría que estudiara algo de técnica; probablemente las cosas habrían sido más fáciles, habría avanzado más deprisa y me habría ahorrado alguna que otra lesión…”
Pearl Export Series EXX705NBR C737 Pearl Nebula
El truco de sonido que en realidad es sentido común: la ergonomía
Lejos de un truco de afinación, Jaime apunta a algo más físico y menos hablado:
“Todo influye en el sonido, pero creo que el truco que más me ha ayudado siempre es centrarse en la ergonomía. La batería es un instrumento muy físico y tiene un impacto directo en las articulaciones del músico. Muchos gestos repetidos de manera rápida en una mala posición son garantía de lesionarse. En realidad es sentido común más que un truco, pero creo que invertir tiempo en tener una buena postura, que todas las piezas de la batería estén bien orientadas, que los platos estén a tu alcance sin tener que inclinar el cuerpo hacia ellos… todo son cosas básicas que facilitan la técnica, y eso te permite concentrarte en lo importante, que es tocar bien y sacar un buen sonido del instrumento.”
El peor momento en vivo: ruido blanco atronador y un técnico que no lo veía
Esta historia es, probablemente, la más tensa de toda la serie hasta ahora — y la resolución es puro oficio:
“Prueba de sonido, todo va bien, la mezcla en mis monitores es clara, oigo todo perfectamente y todo el mundo está contento y con ganas del concierto. Media hora más tarde subimos a tocar y por mi monitor únicamente sale ruido blanco a un volumen atronador. El técnico de sonido está detrás de una columna y no puede verme. Tuve que tirar del cable del monitor, apagarlo, y subir el volumen del metrónomo todo lo que pude. A partir de ahí, toqué todo el concierto sin poder oír ni una sola nota del resto de instrumentos.”
Y el cierre, con un orgullo bien ganado:
“Me siento particularmente orgulloso de aquel día porque al final todas esas horas de ensayo y de trabajar con metrónomo dieron resultado. ¡No disfruté el concierto en absoluto, pero al menos salió bien!”
La anécdota que siempre cuenta: la pasta que no debía enfriarse
De todas las historias de gira recogidas hasta ahora en la serie, esta es la más absurda — y la más gastronómica:
“Probablemente la más graciosa fue un promotor italiano que hizo todo lo posible por ajustar al máximo la comida que nos dio el día del concierto. Un plato de patatas fritas para 18 personas. 12 botellas de agua de medio litro para todos, durante todo el día, estando a 30 grados ese día. Pues contra todo pronóstico, cuando la prueba de sonido de mi grupo estaba en marcha, nos vino a pedir que parásemos de inmediato: era la hora de cenar y ya nos servían la comida, y era inconcebible que nosotros no cenáramos con el resto porque la pasta se nos quedaría pasada. ¡Nos tuvo todo el día racionando comida y luego el tío se preocupa de que la pasta esté al dente!”
El final, al menos, es amable:
“Al final nos dejó hacer la prueba y nos hicimos colegas. Y la pasta estaba buena aunque la comimos tarde :)”
Grabar en estudio: “la canción más difícil es siempre la que falta por grabar”
Sobre qué tema fue el más difícil de grabar, Jaime da una respuesta que funciona casi como filosofía de estudio:
“Las grabaciones son un poco como los exámenes: todo parece dificilísimo hasta que lo haces y luego, una vez has aprobado la asignatura, te da la sensación de que estaba facilísimo todo. Diría que la canción más complicada es cualquiera de las que están por grabar, siempre. Precisamente este año entraré al estudio con Santacreu y hay un par de temas de los que hemos escrito que ya veo que me van a hacer sudar bastante, por estructura y elaboración.”
Mirando atrás, sin embargo, hay un nombre concreto:
“Si he de mirar al pasado, creo que Mr. Pan de Obsidian Kingdom es la canción que más guerra me ha dado en el estudio nunca. Tiene unos patrones rítmicos que, sin ser endiablados, sí que requieren atención y mimo para que caminen.”
(Nota editorial: Obsidian Kingdom fue una banda anterior de Jaime — actualmente no forma parte de la formación. Se conserva la cita por ser una referencia directa a su propia experiencia en el estudio, con la aclaración de contexto correspondiente.)
Por qué los bateristas son los menos reconocidos: invisibles pero responsables de todo
La respuesta de Jaime es, junto con la de Mati en un futuro número de esta serie, de las más completas sobre el problema que da origen a esta sección:
“Estamos al fondo del escenario, las luces nunca nos enfocan (salvo si eres Mike Portnoy) y estamos tapados por la batería. Somos básicamente invisibles y a la vez solemos ser los responsables de marcar los tiempos del concierto, controlar los metrónomos, las secuencias, a veces incluso las proyecciones. Un solo error puede hacer que toda una canción vaya descuadrada o que tenga que empezarla de nuevo, así que suele ser un puesto de mucha responsabilidad. Esto es algo de lo que el público no suele ser consciente.”
Tres discos, un consejo, y una defensa razonada de la batería programada
Tres discos cuya batería todo metalero debería estudiar, con justificación extensa para cada uno:
“Me atrevería a decir que Ghost Reveries de Opeth es una de esas biblias del batería de metal, toda una lección en musicalidad, potencia, precisión y creatividad. Solo ya el tema Ghost of Perdition es un manual de instrucciones para un género musical completo. Martin Axenrot me parecía su batería más completo, pero la personalidad y creatividad de Martín López lo hacen el OG.”
“En el otro extremo pondría al Vertikal de Cult of Luna, donde la clave está en la contundencia, la repetición y los matices. En mi opinión, es mucho más difícil componer e interpretar convincentemente algo tan mínimo que algo ultratécnico […] Aparte de I, The Weapon […] creo que Mute, Departure e In Awe Of son grandes muestras del genio de Thomas Hedlund.”
“Un tercer disco que me resulta imprescindible a nivel de batería sería Les Irreals Visions de Foscor […] Fue escucharlo y enamorarme a primera vista, y gran parte del mérito lo tiene Jordi Farré, quien grabó ese disco y que a día de hoy es el batería de The Ocean o Crippled Black Phoenix, entre otros.”
Consejo para quien empieza a tocar batería de metal:
“Que use metrónomo, como poco cuando practique, pero idealmente en directo también. Depende mucho del subgénero, pero en general el metal requiere precisión y constancia, y, aunque parezca contraintuitivo, tocar con un metrónomo te libera muchísimo a la vez que te ayuda a mejorar con gran rapidez. Mi mayor salto de nivel tocando fue sin duda cuando empecé a usar uno.”
Sobre las baterías programadas en el metal moderno — pregunta extra que Jaime respondió y que amplía el cuestionario estándar de la serie:
“Como alguien que usa samples y que toca en proyectos donde hay muchas cosas disparadas, lo entiendo y lo respeto. Cada proyecto tiene sus condiciones y es cada vez más caro grabar y girar, y en ese sentido las baterías son el instrumento que más coste genera. Obviamente prefiero baterías reales, y cuanta menos edición y programación haya, mejor.”
Preguntas frecuentes sobre Jaime Díaz Otero Núñez
¿En qué banda toca Jaime?
Jaime Díaz Otero Núñez toca en Santacreu, Intraether, Safata de Pórex y Lys Morke, es baterista en directo de Myrkur, y participa además en un proyecto que por ahora no se ha revelado. Anteriormente formó parte de Obsidian Kingdom.
¿Es un baterista autodidacta?
Sí, es batería autodidacta desde hace veinte años, y ha grabado y girado internacionalmente con varios de sus proyectos.
¿Qué batería usa Jaime?
Una Ludwig Classic Maple (bombo 24×18, tom 14×10, floor tom 18×16), cajas Ludwig Copper Phonic y Sonor Protean, pedal doble Tama Iron Cobra, y platillos Zildjian e Istanbul, con el Zildjian K Light Ride de 24″ como pieza insustituible.
¿Cuál es la anécdota más curiosa de Jaime en vivo?
Un concierto en el que su monitor solo emitía ruido blanco a volumen atronador y el técnico de sonido no podía verlo desde su posición; terminó tocando el show entero guiándose solo por el metrónomo, sin escuchar al resto de la banda.
¿Qué discos recomienda Jaime para estudiar batería de metal?
Ghost Reveries de Opeth, Vertikal de Cult of Luna y Les Irreals Visions de Foscor.
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